31 de diciembre de 2008

Feliz año 2009

El año nuevo reclama
el puesto del gran ciclo infinito,
mientras los viejos ecos perduran
en la memoria de los tiempos.
Un nuevo aroma, un nuevo color,
llega a nuestras almas, para que sea mejor.

El 2009 es el año del buey del horóscopo chino. El buey era en China el animal más usado para tirar de los arados. Su perseverancia conseguía arar los duros suelos aún estando congelados, haciéndolos aptos para el cultivo. El buey representa el ánimo y voluntad de tirar siempre hacia adelante, aún con todo en contra. Le caracterizan también la paciencia y gentileza.

Os deseo un más que buen año 2009,
Iwakura.

4 de diciembre de 2008

Sintonizando en Sintonison

Segundo cuento de Leopardo DaVinci:

SINTONIZANDO EN SINTONISON

Capítulo 1. Encefalograma robado.

Esta historia transcurre en el pueblo Sintonison. Leopardo llegó a él por casualidad al desviarse de su ruta por estar mirando el mapa al revés. Con un gran estruendo se acercó al primer grupo de casas de las afueras. El estruendo lo produjo su vehículo. Una especie de ciempiés metálico y con visera al que se le había salido de uno de los zapatos de acero la suela de goma. Decidió pedir cobijo porque se le había hecho de noche. Cuando le abrieron una puerta después de cinco intentos y medio, comprobó que algo olía mal en ese pueblo, pero no había sido él. El hombre que le abrió la puerta haciendo girar el pomo 90 grados y tirando hacia sí, tenía la vista perdida, y desenfocando le dijo:

- ¿Qué narices quieres?
- Sólo busco donde pasar la noche- dijo Leopardo
- ¿Y para eso me molestas? Estaba viendo mi programa favorito- y dijo eso moviendo enérgicamente las manos y en la que no era la izquierda sostenía un mando de televisión repleto de botones.
- Ya veo que no quiere usted un millón de euros - repuso Leopardo por si colaba.
- ¿Eres del programa El millón llama a tu puerta? En ese caso bienvenido sea.
- Es usted muy perspicaz. Gracias por su amabilidad. - contestó Leopardo, consciente de que estaba metiéndose en un buen lío.

Pasó a la sala de estar, donde estaba la televisión y tomó asiento y también tomó un té que le había preparado aquel hombre. Leopardo pensó todo lo rápido que pudo, que es más o menos lo que se tarda en golpear a un mosquito que tienes en la frente, solo que él si que lo tenía. Evidentemente ganó el primer y único asalto y además se le ocurrió una idea. Tan sólo pensaba quedarse allí esa noche y en seguida salir por patas (las del ciempiés). Continuaría la mentira.
Como era muy observador se dió cuenta de varias cosas.

1- Aquel hombre era un adicto total a la televisión.
2- En las fotos que tenía repartidas por la sala, junto con vecinos de fondo, siempre se veía al menos una tele.
3- Al mirar por la ventana también se veía en cada una de las casas un montón de antenas diferentes brillando a la luz de la luna.
4- Todos en aquel pueblo parecían estar pirados.
Así que poniendo esas observaciones por bandera trazó un plan y dijo al fin:

- Este es un programa especial y repartimos el doble de dinero de lo normal.

Le contó que era una competición para todo el pueblo, premiando a quien más supiera sobre cualquier programa de cualquier canal. El concurso se realizaría la tarde siguiente al aire libre, en la plaza.
El hombre preguntó por los cámaras y Leopardo contestó que llegarían por la mañana temprano. Esa respuesta y la ilusion del concurso bastaron para convencerle. Leopardo durmió allí mientras aquel hombre se quedó viendo una teleserie. Se despertó a las 6 y en seguida bajó a arreglar su ciempiés y marcharse de ese pueblo.

El cacharro aquel con Leopardo encima se alejó de aquel sitio y de todos los problemas. Aqui podría acabar el cuento pero no acaba. El ciempiés podría no haber vuelto a pisar ese suelo, pero lo hizo. Podría haberme tocado la lotería pero no me ha tocado. Y Leopardo DaVinci podría haber pasado del tema, pero no pasó. Decidió ayudar a aquellas gentes, que tenían serios problemas de adicción a la televisión.

Capítulo 2. El plan.

Su brillante cabeza de genio calvo (de ahí que brille) tuvo una idea. Se celebraría el concurso, pero lo ganaría él mismo y nadie sabría del engaño. Para ello debía cooperar con alguien, cosa que no le agradaba. Conocía a un chavalín de un pueblo vecino (al que intentaba llegar antes de perderse) y puesto que aquel joven siempre le insistía en ser su aprendiz, recurrió a él.
El plan era este: conseguiría sacar de internet las preguntas a realizar y Joss, el joven, sabría las respuestas y ganaría, pero debía hacerse pasar por vecino. Leopardo fabricó en hora y media una especie de casa portátil de papel sin nada dentro, admirándose de sus dotes para la papiroflexia absurda imposible. Y aquello funcionó porque nunca nadie se dió cuenta de que no existía tal casa en realidad. Cuando creyeron que lo llevaban todo se dispusieron a partir. Y un coco es lo que partieron, con la cabeza de Leopardo que era muy dura. Después del cocotero almuerzo emprendieron la marcha hacia Sintonison.
Cuando llegaron a la plaza del pueblo ya había gente esperando, pero eso era de esperar, de lo contrario hubiera sido inesperado. Leopardo sacó todos los trastos del maletero del ciempiés. Sacó también dos maniquís con gafas de sol para hacer bulto. A saber de donde los había sacado el loco este. Preparó una cámara de video encima de un caballete que no paraba de relinchar. La cámara emitía a todo el pueblo, de modo que no se darían cuenta de la farsa. Y entonces empezaron el show.

Capítulo 3. El show de Leopardo.

- Queridos espectadores, muy buenos días tardes noches. Estamos en directo en el programa "me dais a mí dos millones" ...Es broma. ¡Picásteis!
Se oyeron por ahí voces desconcertadas, pues no tenían partitura. Y Leopardo siguió hablando:
- Que aproveche la cena...Digo... Que tengáis suerte. Empezaremos la primera pregunta y ganará el que conteste tres respuestas correctas más rápidamente.

La gente estaba expectante. Iban a premiar lo que mejor se les daba. Todos querían ser los que más supieran y con el premio comprar una televisión más grande, para no perderse ningún detalle.

- Allá va: ¿Cuantos lunares tenía el vestido de la folklórica Lola Pantoja y Olé en la gala "banderilleemos a nuestros toros"?
- 125 lunares enteros y 20 mitades.- respondió Joss
- ¡Respuesta correcta! Un croquipunto para el chico. Vamos con la pregunta que va después de la primera. ¿Cuántas esposas ha tenido el abuelo de la hermana del mayordomo de la Duquesa de Calva?
- Ha tenido dos esposas y otro par de esposas de cuando lo detuvieron por robar el peluquín del marido de la Duquesa de Calva.- contestó también Joss.
-¡Perfecto! Otro croquipunto para el muchacho. Otro más y gana la prueba. Última pregunta: ¿Qué fue lo que dijo el doctor Pómez en el capitulo 328, minuto 23, 5 segundos de la serie "Matasanos"?
- ¡Ay! -dijo enseguida un vecino, al que le había dado un calambre en el pie. Joss no pudo responder tan rápido.
- Un croquipunto para el señor que se retuerce en el suelo. - dijo Leopardo, disimulando su aflicción lo mejor posible.
Joss aún no podía creer que alguien hubiera acertado esa pregunta, pero se puso serio e hizo estiramientos y calentamientos de neurona.
-Siguiente pregunta: ¿Cuántos granos de arroz tenía la paella que comió el actor norteamericano Bill Cruise en su visita a España?
- 335.986 granos de arroz. - contestó Joss.
- La respuesta es correcta. ¡Ya tenemos ganador!
- Perdone pero no es correcto. La paella tenía 54 granos más, y lo sé yo que era el cocinero. ¡Aqui hay tongo!
Las cosas empezaron a ir mal para Leopardo y su ayudante. Y tenía toda la pinta de que fuera a peor. De hecho, le estaba entrando diarrea y se contuvo como pudo. Así que una vez más tuvo que improvisar. Leopardo, con su genialidad de genio respondió a la crítica:
- Perdone caballero, mis más sinceras disculpas. Tiene usted razón. me dejé las gafas en casa. Leí mal la cifra. Perdón también a todos los espectadores. Estas cosas a veces pasan en directo.
Nadie parecía demasiado convencido, pero pensaron que el presentador era lo mas estúpido que habían visto nunca... en la tele claro.
- Sigamos con la siguiente pregunta: ¿Cúantas veces dice "estás como un queso, nena" el cantante de Operación Tufo, Memolo Yosolo en su canción "eres mi gruyère"?
- Lo dice doscientas cincuenta y tres veces.- contestó Joss (medio asqueado, por saberse la letra de la canción)
- Perfecto!!! Ahora si que hay ganador. ¡¡Felicidades!! Tuyos son los dos millones de euros, bien merecidos (y ojalá me perdones por haberte pedido semejante favor). FIn de la emisión. Hale, a casa todos. A la gente le pareció que Leopardo ardía en deseos de largarse de allí o más bien de estar consumiéndose, por la cara que ponía.
Se fue a recoger la cámara y a guardar en el maletero a los dos "extras" de las gafas de sol. Cuando volvió a por Joss con la excusa de que el dinero lo recogía en la emisora, se lo encontró rodeado por la gente del pueblo.
- Algo en tí no me gusta muchacho, se te nota distinto... no pareces de aquí. Debe ser ese grano que tienes en la frente, me da asco. - dijo uno.
- Y además...parece que tendremos que mirar más programas por tu culpa, has puesto el listón muy alto, mamarracho. Que sepas que yo me sabía las preguntas pero te me adelantaste. - dijo otro
- También yo me las sabía. - añadió un tercero.
Y así fueron ensañándose con él entre insultos y empujones.
Leopardo advirtió los problemas. Su genialidad de genio parecía no haber contado con aquel contratiempo. Al menos parecían no haberse dado cuenta de que el muchacho y él estaban compinchados y por eso había ganado.
- ¡Pongo la mano en el fuego a que el muchacho y aquél están compinchados y por eso ha ganado!- dijo un hombre, señalando a Leopardo.
- Alto ahí! - dijo Leopardo, y se estrujó el cerebro tanto como pudo. Lo suyo no era relacionarse con la gente, sino los inventos. Y prosiguió: - ¿Cuál es el décimo mandamiento que aparece en las tablas de Moisés, en la película "los diez mandamientos"?
- No codiciarás los bienes ajenos - dijo un anciano del pueblo.
- Correcto, pues ya está. El muchachito y yo nos vamos. Vosotros queréis pegarle, pero yo debo de pagarle. - dijo Leopardo y se metió entre la multitud y sacó a Joss de ahí, algo aturdido. Se subieron al ciempiés y salieron por patas, concretamete salieron por cien patas.
Se podía decir que habían salvado el trasero. Pero siendo la intención de Leopardo la de ayudar a esa gente, parecía haberlo empeorado todo. No consiguió nada. Y dándole vueltas a la cabeza llegaron al pueblo de Joss, Setas. El pueblo se llama Setas por la gran colonia y perfume de hongos que proliferan y se recrean por doquier cual parque temático. Y por fin Leopardo pudo hacer algo que le apetecía horrores desde hacia horas: ir al cuarto de baño. Con la mente más despejada consiguó inventar un nuevo aparato. La esperanza definitiva para el pueblo Sintonison. La gran Antena Idiolítica. "A grandes males, grandes remedios", pensó. Ya de noche abandonaron el pueblo de Joss, Setas, y se dirigieron a Sintonison para instalar la antena, con cuidado de que no les vieran.

Capítulo 4. ¡Anda! ¡La onda! ¡Me mondo!

Ernesto se levantó de golpe de su sueño. Era por la mañana, no muy temprano. Tras el ajetreo del concurso de la tarde anterior se durmió tarde y con la pena de no haber podido partirle la cara al ganador de los dos millones, tal y como hacía Rocky Balboa en cualquiera de sus películas. Pero por algún motivo parecía oír voces dentro de su cabeza. Muchas voces y muy confusas. ¿Qué le estaría pasando? ¿Sería como en las pelis de terror? Mientras cavilaba, asustado, reconoció una voz. La voz de una chica que decía: "Ay, Ernesto cuánto te quiero. Ojalá pudiera decírtelo a la cara". ¡Era la voz de Adelaida! La chica de la que estaba enamorado. ¿Le estaría pasando como a Mel Gibson que podía oír los pensamientos de las mujeres? Se vistió y se aseó convenientemente y fue a confesarle su amor a Adelaida. Bingo. Ella le aceptó. Fueron a pasear a la plaza y fue entonces cuando Ernesto y otros del pueblo repararon en una antena que no recordaban haber visto, situada justo al centro de la plaza. Todos los del pueblo oían voces ahora. Otro vecino, supo gracias a la antena, quién le había robado una bombilla de la lámpara de la entrada de su casa (No describiré lo que pasó después por si lo leen menores o mentes sensibles). Parecía que la gente se empezaba a "comunicar" sin mover ni la boca. Y gracias a la antena. Hacia mediodía ya había mucha gente sentada en corro alrededor de la antena, mirándose las caras pero sin decir nada. Y marujeando "sin cables" todo lo que podían y más.

- Esto es mejor que la tele - pensó alguien
- ¡Y que lo digas! - pensó otro
- Pensad más bajo por favor, que no oigo lo que piensa Martina- dijo una señora.

Leopardo y Joss permanecían escondidos mirando como se desarrollaba la trama de esta historia. Al final, con cara de abatimiento, dijo al fin:

- Menos da una piedra. Más no puedo hacer.
- Tengo hora con el peluquero hoy - dijo Joss
- Y yo tengo la sartén en el fuego, vámonos - respondió Leopardo

Dicho esto se fueron de ese pueblo para no volver jamás...Bueno no. Volvieron al cabo de cinco minutos, porque a Leopardo se le había caído la documentación por ahí. La encontró Joss:

- Qué feo sales en la foto.¡Vaya...! Así que tu verdadero nombre es...
- Trae eso para acá - dijo Leopardo, arrebatándoselo de las manos.
Joss no consiguió evitar partirse el pecho y troquelarse de la risa, y así estuvo todo el camino de vuelta a Setas.


Iwakura
07-07-2007